Wednesday, July 16, 2008

” LA LUZ DEL PASADO SE TRANSFORMA EN LA LUZ DEL FUTURO “

Faro de la ciudad de Gades

Faro de la ciudad de Gades
Graffiti representando el faro de Gades y que apareció sobre una pared de una fábrica de salazones que estuvo activa desde el siglo I al siglo V d.c. Su tipología, de indudables reminiscencias mesopotámicas por su parecido a un zigurat, nos sugiere pensar, eso sí, sin ninguna prueba fehaciente ni tangible, que dicho monumento puede ser una edificación preexistente de la ciudad, antes de su fase romana y por tanto, creemos en la posibilidad de que su construcción y uso haya que situarlos en la época plenamente fenicia de la ciudad, habida cuenta de dos hechos incuestionables. Por un lado, el caracter fuertemente fenicio que seguía manteniendo la urbe aún en tiempos de César y por otro, la actividad propiamente marinera de los fenicios en general y de los gaditanos en particular, creadores de una verdadera talasocrácia en su radio de acción, el llamado Círculo del Estrecho.

El Acueducto romano de Gades

canalizacion de época de Los Balbos, recientemente descubierta, dentro del casco histórico de Cádiz (Gades)

Para una tener una amplia perspectiva de dicho monumento de la antigua Gadir/Gades, les remitímos a nuestro otro blog, Corsair Republic of Sancti Petri, http://torrestrella.blogspot.com , donde ya hemos incluido una primera entrada y paulatinamente en estas semanas iremos insertando cada una de las etapas que hemos recorrido buscando y tomando nota de los restos supervivientes del mismo…
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La isla de Car tare y el lago Ligustino en la “Ora Marítima” de Avieno.

Juan Gavala Laborde, nacido en Lebrija y luego criado en El Puerto de Santa Maria, ingeniero de minas, dedicó gran parte de su estudio y de su vida a la geología de la Bahía de Cádiz y que luego le llevó a hacer una completa revisión del poema de Avieno “Ora Marítima”, sacando con ello, sus propias conclusiones a raiz de su conocimiento del terreno y la geología y poniendo, por tanto, en entredicho algunas de las hipótesis que con anterioridad se barajaban en torno al tema candente de Tartessos, sobre todo las teorías de Adolf Schulten.

Aquí exponemos a continuación, un resumen global de su trabajo y que el mismo autor realizó en forma de addenda, revisión de sus propias conclusiones anteriores, para acompañar a la ultima edición de su obra. Una obra que no se volvió a reeditar hasta nuevamente los años noventa, a través del servicio de publicaciones de la Diputación de Cádiz y que actualmente está nuevamente agotada…
ADDENDA

El estudio que precede del poema «Ora Maritima» de Rufo Festo Avieno se imprimió en el verano de 1957 mientras preparaba el texto y las láminas de la Memoria geológica de la Hoja de Cádiz, trabajo que por circunstancias especiales hube de interrumpir entonces y no pude reanudar hasta el pasado otoño. En los dos años y medio transcurridos desde la impresión de «Ora Maritima» he dedicado muchos ratos, a recordar y repasar los relatos de Avieno, con el afán de lograr localizaciones exactas de los parajes que menciona, y para ello he aquilatado la traducción de frases de sentido no muy claro del texto latino, y que se prestan a torcidas interpretaciones si no se da a las palabras el significado justo y el valor exacto con que el autor las empleó. Ese continuo dar vueltas al asunto me ha hecho ver que algunas localizaciones, que por rutina venían considerándolas incuestionables los comentaristas de Avieno, no tienen realmente justificación, y es preciso, en consecuencia, modificar ideas y conceptos, que a su vez influyen en la interpretación de otros pasajes del poema.En los relatos de Avieno no resulta fácil seguir la descripción de ciertos tramos de la costa, aunque esté hecha con suficiente detalle, cuando el autor intercala citas de carácter secundario para aludir a lugares apartados del que constituye de momento el objeto principal de la narración, y este inconveniente se acentúa en la parte comprendida entre los versos 200 y 293, por mencionar Avieno multitud de parajes sin seguir al parecer el orden debido; menos mal que la dificultad que ello crea puede salvarse en este caso por citar al mismo tiempo rasgos del relieve topográfico que no suelen prodigarse en la naturaleza y que, por lo tanto, no son difíciles de localizar si se conocen bien la topografía y la geología de la comarca. Por tratarse en esa parte del poema de un sector de la costa atlántica cuyas modificaciones en el decurso de los siglos me interesaba sobremanera conocer, apelé a todos los medios imaginables para situar bien las referencias de Avieno. Ya de primera intención logré mi propósito en cuanto a la Isla Cartare, confirmando mis deducciones lo que Pemán había supuesto de ser ésta la región comprendida entre el Guadalquivir y el Guadalete, en contraposición con las opiniones de Blázquez, Schulten y otros muchos comentaristas. Y en cuanto. a la situación del Golfo Tartésico entre Rota y el Castillo Sancti Petri, también el resultado a que ya antes había llegado parece definitivo, pero quedaban aún puntos de duda difíciles de descifrar, que creo que he podido aclarar últimamente gracias al ininterrumpido estudio del poema.Así como la medida de los versos me ayudó a puntualizar algunas citas un poco imprecisas, la eliminación de ideas secundarias en el relato principal me ha servido para fijar el orden de sucesión de los lugares que cita Avieno de la costa sur de Portugal y de la del Golfo de Cádiz, o mejor dicho, para fijar el orden en que los cita Avieno. Esta eliminación, hecha con todo detenimiento, permite reducir el texto del poema entre los versos entes citados a lo siguiente:v. 200-204 : desde aquí lindan con los Cempsoslas tribus Cynetas : luego la Sierra Cynética levantando a lo alto la punta extrema de larica Europa, por donde declina la luz sideral se dirige hacia el Océano llenode monstruos.v. 205-207 El Río Anas corre por el territorio de los Cynetas y surca los campos : se abre de nuevo un golfo, y la concavidad del terrenomira al Mediodía.v. 212-14 Aquí se elevan las cúspides de dos islas : la menor carece de nombre, una costumbre inveterada llamó Agónida a la otra.v. 215-17 A partir de aquí eleva sus picachos la roca consagrada a Saturno : el mar que rompe, hierve,y el largo litoral rocoso es disgregado.v. 222-26 Desde aquí (la roca de Saturno) hasta el citado río(El Ana) la travesía dura un sol, y aquí se hallael confín de las tribus Cynetas. El territorio tartésicolinda con ellas, y el Río Tortessos riegael país.v. 225-6 a partir de aquí se eleva la Sierra consagrada alCéfiro (Sierra de Algarbe) :v. 241-42 De nuevo se levanta un monte, consagrado a la diosa del Infierno, y un rico templo v. 243-45 cerca hay una gran laguna llamada Erebea, y se dice que estuvo antiguamente por estos lugares la ciudad de Herbi.v. 248-50 Acaso sea el Hibero el río que por allí corre y que fecunda con sus aguas los campos : muchos dicen que de él recibían su nombre los Hiberosv. 252-57 porque al territorio que linda con el río por la parte de Occidente llaman Hiberia.La parte de Levante contiene a los Tartesios y a los Cilbicenos. Después se halla la Isla Cartare, y es creencia bastante extendida que antiguamente estuvo habitada por los Cempsos.v. 259-62 Desde aquí se ve elevarse el Monte Casio,y por él se llamó antiguamente en griego casítero el estaño : desde aquí se ve el Cabo del Templo y la fortaleza de Gerión que está lejos.v. 265-68 Aquí se encuentran, distantes unas de otras, las boca sdel Golfo de los Tartesios, y desde dicho río (el Hibero) hasta estos lugares, los barcos tardan un día en la travesía : aquí está la ciudad de Gadir.v. 283-90 : pero el Río Tartessos al fluir del Lago Ligustino a través de campos abiertos, Iiga por todas partes a la isla con su corriente. Este no tiene una corriente única ni surca con un solo cauce el terreno subyacente; pues penetra en los campos por tres bocas (o brazos) por la parte de Levante,y baña la parte meridional del territorio con dos bocas (o brazos) gemelas.v. 291. Mas domina a la laguna el Monte Argentario;v. 293 las laderas de éste brillan por el mucho estaño (que contienen)Partiendo del texto así reducido a las ideas principales, procederemos a localizar las citas de Avieno.L Cyneticum Iugum.- Monte Cynético o Sierra Cynética. (v. 200-204). (Monte de los Cuneos o Cunetes).Es el macizo jurásico que desde las cercanías de Lagos se extiende hasta el Cabo de San Vicente, y con rumbo al 0. se dirige hacia el Océano. En ello están conformes los comentaristas. He conservado en el texto reducido el pasaje de los versos 205-207 para que se vea que es una cita secundaria, que no hay que pretender encajar en la narración como la de un lugar inmediato al Monte Cynético. Antes se ha hablado de la tribu de los Cynetas, y nada tiene de extraño que se haga constar aquí que el territorio ocupado por esta tribu está regado por el Río Guadiana; pero ello no quiere decir que el Guadiana se halle en la inmediata proximidad del Cyneticum Iugum.2. Insula Agonida.-Eliminada como cita secundaria la del Guadiana, la de la Isla Agónida y otra pequeña sin nombre queda referida al Monte Cynético, que ha de considerarse el hic (aquí) del v. 212. Las mencionadas islas las sitúa Avieno, por lo tanto, en las inmediaciones del Cabo de San Vicente; y deben corresponder a las hoy denominadas Armacáo y Leixáo.3. Roca consagrada a Saturno.- Conestenombre se designa (v. 215-217) algún punto del acantilado de calizas júrásicas situado entre Punta Sagres y Lagos, puesto que se dice que el mar rompe en ella y que el largo litoral rocoso es disgregado. Puede ser la misma Punta Segres.Hemos conservado también el pasaje de los v. 222-223, en el que se dice que desde aquí (Hinc) hasta el citado río (el Ana) hay un día de navegación, como comprobación de que el aquí es la Roca de Saturno. En efecto, la distancia de ésta a la desembocadura del Guadiana es de 80 millas, que a razón de cuatro millas por hora suponen 20 horas de viaje. Se añade en los v. 223-225, que el Guadiana señala el límite del territorio ocupado por los Cynetas y que a continuación se halla la región habitada por los Tartesios, que está regada por el Tartessos. Esto es ajeno al itinerario que se va describiendo, y por lo tanto la zona litoral descrita hasta ahora termina con el acantilado que es disgregado por el ataque del mar: el comprendido entre Punta Sagres y Lagos,4. Monte o Sierra consagrada a Céfiro.- Esta sierra, según el relato, comienza en donde termina el acantilado de la Roca de Saturno a que se refiere el v. 225, y el hinc (de aquí) de este verso no se refiere en modo alguno al Río Tartessos, que todavía no se ha dicho concretamente donde alcanza la costa sino al punto donde comienza precisamente la Sierra de Algarbe, que es, por consiguiente, la Sierra del Céfiro del poema. Esta sierra comienza en Lagos y termina en Tavira, a 15 Km. al Oeste de la desembocadura del Guadiana.La transposición que propugna Schulten de los v. 205-211, que según él deben colocarse después del 240, es innecesario e improcedente toda vez que, eliminadas las citas de carácter secundario, el orden en que están citados el Monte Cynético con la Isla Agonida, la Roca de Saturno y la Sierra del Céfiro es el que corresponde exactamente a estos lugares. Y la descripción contenida en los v. 220-226, correspondiente a la costa sur de Portugal entre el Cabo de San Vicente y la desembocadura del Guadiana se ajusta perfectamente a las características topográficas y geológicas del terreno. La descripción de la costa española comienza en el v. 241, en el que Avieno menciona un monte consagrado a la Diosa del Infierno y un rico templo. Como sitúa el monte cerca de la Laguna Erebea, y ésta no puede ser sino el estuario del Tinto, cubierto en todas épocas de una capa de agua teñida de rojo de sangre por oxidación de líquidos saturados de sales de hierro procedentes del lavado de las masas de pirita de Río Tinto, ha de admitirse que el monte consagrado a la diosa infernal es la Colina de Moguer, y que Erbi coincidiría poco más o menos con la Huelva actual. En consecuencia, la descripción de la costa española comienza en la ría de Huelva, sin que nada se diga en el poema del litoral comprendido entre la desembocadura del Guadiana y la del Odiel, costa baja en donde ningún accidente topográfico llamaría la atención del navegante. A lo sumo podría identificarse esa parte de la costa con el terreno generalmente cubierto de nieblas y húmedo de que se habla en los v. 236-237.Es muy interesante lo que se dice en los v. 248-250 de un Río Hibero que sirve de frontera occidental a las tribus de los Tartesios y Cilbicenos, pues aunque el verdadero Río Hibero sea el Ebro, que nace en el país de los Vascos, también éste podría haberse llamado Hibero por el hecho de conocerse con el nombre de Hiberia el país que se extiende a Poriente. En todo caso Avieno concede importancia a este río, que a juzgar por lo que dicen los mencionados versos, no puede ser otro que el Odiel con su afluente el Tinto, puesto que corre por la comarca en donde se hallan Erbi, la Laguna Erebea y el Monte de la Diosa del Infierno, hasta el punto de tomarlo como punto de partida o referencia para situar las Bocas del Golfo Tartésico. En los v. 266.67 dice que éstas se hallan a un día de navegación del río en cuestión, último que ha nombrado en el relato, y la distancia es de unes 60 millas náuticas, que los barcos de vela de nuestros días tardan de 16 a 18 horas en recorrer.Es también interesante hacer resaltar que desde el Río Hibero no vuelve a citar Avieno ningún punto o paraje de la costa hasta la Isla Cartare, que está, según les v. 288-89 a Levante del Lago Ligustino, puesto que brazos del Tartessos que salen de este lago penetran en las campiñas de la isla situadas a Naciente (parte eoi luminis), y el Lago Ligustino ocupaba la parte central del estuario del Guadalquivir. Pasa, pues, Avieno por alto los 70 Km. de litoral arenoso que median entre Huelva y la desembocadura del Tarteasos, lo cual contrasta con la importancia que concede a las costas arenosas, estériles y despobladas que luego menciona a lo largo de la ruta del Mediterráneo, como puede verse por los versos siguientes:441 Inhospitales nunc harenas porrigitdeserta tellus (Golfo de Almería)460 : rursus hinc se littorisfundunt harenae : (Cordón litoral del Mar Menor)475 : littus extendit dehincsteriles harenaes : (litoral de Denia)512 Post haec harenae plurimo tractu iacent (a uno y otrolado del Cabo Salou)565 : post Pyrinaeum lugumiacent harenae, littoris Cynetici (costa del Rosellón)606 : rursus harenosi soliterga explicantur (costa de Cette)No hay seguramente en la Peninsula un tramo más largo de costa arenosa, yerma y despoblada que el de las Playas de Castilla y Arenas Gordas, de la provincia de Huelva, con dunas bien visibles desde el mar, algunas, como la del Asperillo, de bastante altura; y, sin embargo, nada dice de él Avieno. Hay que suponer que sea debido a que ni en la costa ni tierra adentro viese el navegante nada digno de mencionar hasta que se acercó a la desembocadura del Guadalquivir, a Chipiona, desde donde pudo divisar ya a lo lejos la Sierra del Pinar de Grazalema (1.651,8 m. de altitud) y luego la costa de la Isla Cartare, más alta que la de Huelva y con acantilados rocosos. Y, en efecto,, cita en primer término, en el v. 259, el Monte Cassio que relaciona con el estaño por el brillo de sus rocas, sin duda, y en seguida, v. 261, el Cabo del Templo (Chipiona). A continuación el Castillo o Fortaleza de Gerión, v. 263; las bocas del Golfo de los Tartesios, v. 265, distantes, como se dijo, un día de navegación del Río Hibero (Huelva), y, por último, Gadir.Las citas de todos esos lugares están hechas por el orden que les corresponde, pero sin duda Avieno se dio cuenta de que la Isla Cartare, el Río Tartessos y su desembocadura y el Castillo de Gerión eran parajes y rasgos topográficos demasiado importantes para no situarlos con mayor precisión y se creyó obligado a dar más noticias de unos y otros. Así, del Tartessos dice En los v. 283-85 que fluye del Lago Ligustino e introduce brazos en el terreno de la Isla Cartare: tres de ellos en los campos situados en la parte de Oriente, y dos que luego se bifurcan (ora bis gemina) en los situados al Sur (meridiana civitatis), v. 288-293.Eso es lo que realmente dice el texto refiriéndose a la Isla Cartare, y todo cuanto han escrito los comentaristas de Avieno sobre esos brazos gemelos del Tartessos que bañaban el territorio situado al Sur de la ciudad carece de fundamento, tanto más cuanto que si se pretende que la palabra civitas debe traducirse por ciudad, esta ciudad no podría ser otra que Gadir, a la que ininterrumpidamente se viene aludiendo en los versos 267 283, y el Sur de Gadir no ha desembocado ningún río desde los comienzos de la época de excavación del estuario diluvial del Guadalete. que dista muchísimos miles de años de la muestra; de modo que ni aun en el supuesto de que el narrador hubiera confundido el Tartessos con el Guadalete y se refiriese a este último río, habría podido ver cauces fluviales cruzando el territorio situado al Sur de la ciudad.En resumen, la Isla Cartare es la región comprendida entre el Guadalquivir y el Guadalete, en cuyos campos penetraban hasta hace relativamente poco tiempo caños o brazos del río en comunicación con los cauces principales que cruzaban el estuario después que se rellenó el Lago Ligustino y que partían de este lago en la época a que Avieno se refiere. Tres de estos caños: el de la Vera o de Los Palacios, el de Las Cabezas o Salado de Morón y, el de Merlina (véanse nuestros mapas), rellenos hoy y convertidos en otras tantas ensenadas de marisma, penetraban en la Isla Cartare por la parte situada a Levante del Lago, y dos, el de Trebujena, que se bifurca en los de El Cuervo y Mesas de Asta, y el de Sanlúcar, que se divide en los de Monteagudo y Evora o Ventosilla, bañaban la parte meridional de la isla.Esto es todo lo que dice Avieno de la Isla Cartare, y huelgan, pues, las disquisiciones acerca de si los caños del Guadalquivir ,comunicaban o no con los dependientes del Guadalete, porque para replantear en el terreno los datos que aporta el relato de Avieno no hace falta para nada que esa comunicación haya o no existido alguna vez. Y aun cuando hubiese existido, no habrían llegado los brazos del Guadalquivir, ni aun prolongados por los del Guadalete, a la región situada al Sur de Cádiz en la época a ,que se refiere Avieno.El Golfo de los Tartesios, cuya situación fija con exactitud Avieno en el v. 265, y cuyas características geográficas detalla en el v. 306, al decir que se abre entre alturas rocosas (las islas y ,arrecifes de la costa gaditana) es la porción de mar que queda al NE. de la línea general de la costa entre Rota y el Castillo Sancti Petri.Si se observa un mapa de esa región se verá que la costa sigue una línea recta entre Chipiona y Cabo Roche, al 0. de Conil, pero entre Rota y el Castillo Sancti Petri el mar penetra en los dominios de la tierra firme y ocupa gran parte del estuario aluvial del Guadalete. Y la penetración la hace, como se dice en «Ora Marítima» entre alturas de rocas, pues lo mismo las islas y los arrecifes que los acantilados costeros están formados por los duros conglomerados ostioneros del Astiense.Las bocas o brazos de mar de Río Arillo y Sancti Petri fueron cauces del Guadalete cuando lo que es hoy saco interior de la bahía gaditana era aún tierra firme, pero, una vez que el Guadalete terminó de excavar su estuario, el mar que penetró allí cortó dichos brazos y los dejó aislados del cauce de que formaban parte (el Río San Pedro). Desde época remotísima las bocas del Río, Arillo y Sancti Petri han sido, pues, sólo brazos de mar. Y más o menos cegados, continúen siéndolo. Por eso, sin duda, se dice en los v. 304-305 que el Cabo del Templo y el Castillo de Gerión (colina de San Fernando) están separados por el mar. En mi comentario a estos últimos versos indiqué como posible situación del Castillo de Gerión el Cerro de los Mártires, pero es indudable que la fortaleza se levantaría en la colina donde más tarde se edificó la ciudad de San Fernando, por encontrarse en ella abundante piedra de construcción y agua potable en fuentes y pozos, en tanto que en el Cerro de los Mártires faltan una y otra cosa.Por fin Avieno menciona la desembocadura del Guadalquivir, del Tartessos, en el v. 307, al decir: «Junto al segundo monte (el Cabo del Templo) desemboca el caudaloso río».El Monte Argentario del v. 291 debe ser el mismo Monte Casio del v. 259 que se divisa igualmente desde el emplazamiento del antiguo Lago Ligustino (hoy marismas de Las Nuevas, Isla Mayor y Lebrija) y al que se aplica la misma particularidad de «brillar a lo lejos por el estaño que contienen sus laderas cuando el sol hiere con sus rayos las altas cumbres». Y las únicas altas cumbres que se divisan desde Chipiona y desde el centro del estuario del Guadalquivir son las de la Sierra del Pinar, de GrazaIema.Con esta nueva interpretación que ofrezco a mis lectores del pasaje de «Ora Maritima» comprendido entre los versos 200 y 293 creo que quedan correctamente situados los lugares que se mencionen en el poema entre el Cabo de San Vicente y el Castillo Sancti Petri. Las conclusiones a que llego se apartan bastante de las propugnadas por Blázquez y Schulten, pero se compaginan mejor con la topografía de la comarca.Las ideas que expongo en este capítulo obligan a corregir los párrafos del Comentario que a continuación anoto, pero las correcciones fácilmente puede hacerlas el lector a la vista de lo que queda dicho.v. 205-237 pág. 78 líneas 30 a 34v. 241-247 » 83 » 31 y 32Id » 84 » 1 7 y 18v. 261-264 » 87 » 27 a 34v. 283-290 » 94 » 9Id. » » 33 y 34Id. » 96 » 1 a 5Id. » 97 » 7 a 18v. 291-295 » 98 » 5a 7. También ha de corregirse en el sentido indicado lo dicho en la página 14, línea 32.Las principales diferencias de localización hechas por el señor Schulten y por mí entre Huelva y Sancti Petri son las siguientes:

Isla Cartare.-Isla formada por dos brazos del Tartessos: uno el cauce actual, y otro que corría más al 0. por terrenos del Coto de Doñana (Schulten).Región de colinas y campiñas situada entre los cauces del Guadalquivir y del Guadelete (Gavala).

Monte Casio.-Duna del Asperillo, de 113 metros de altitud en la costa de Huelva (Schulten).Sierra del Pinar, en los montes de Grazalema (Cádiz)de 1.651,8 metros de altitud.

Monte Argentario. -Monte en las fuentes del Guadalquivir (Schulten).El mismo que Monte Casio (GavaIa).

Cabo del remplo.- Un arrecife sumergido cerca de Salmedina, llamado Banco de San Jacinto (Schulten).La Punta de Chipiona (Gavala).

Golfo de los Tartesios -Desembocadura del Guadalquivir (Schulten).Bahía de Cádiz (Gavala).

Ciudad de Tartesos.-Margen derecha del Guadalquivir, en el Coto de Doñana (Schulten).Cádiz (Gavala).

Tres brazos del Tartesos que penetran en los campos a Levante del Lago Ligustino.- Brazo principal, Brazo de la Torre y Brazo occidental, seco (Schulten).Caños de Los Palacios, de Las Cabezas y de Merlina (Gavala).Dos parejas de brazos gernelos.- Brazo principal, Brazo de la Torre, Río de Sanlúcar y Guadiamar (Schulten).Caños de El Cuervo y de Las Mesas de Asta y Caños de Monteagudo y la Ventosilla (Gavala).Isla Erythia.-Isla de Cádiz (Schulten). Campiñas de Chiclana, Conil y Vejer (Gavala).

Monte de los Tartesios. -Colinas entre Sanlúcar y El Puerto de Santa María (Schulten).Encinares y alcornocales de Medina Sidonia, Alcalá de los Gazules y Vejer de la Frontera (,Gavala).
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EL PAPEL ECO NÓMICO DEL TEMPLO DE MELQAR Y DE LOS GADITANOS


Estatuilla que representa a Melqart.

En Herodoto podemos hallar noticias de algunas de las materias del extremo oeste de Libia más apreciadas en Occidente. Dicho autor comenta la existencia de salinas, minas y cordilleras de sal, también de oro, miel, olivos y vides (Heródoto IV,181-185; 191; 195 y 196, 1-3). Y es curiosa la noticia de que la púrpura, con la que se teñían sobre todo las vestimentas sacerdotales y que era muy apreciada por los semitas, según Pólux (1,45), fue inventada por Melkart, con lo que tenemos al dios púnico del comercio y las empresas marítimas relacionado con uno de los productos más cotizados en la Antigüedad, del que debían obtenerse sustanciales beneficios también para sus templos.
El culto a Heracles-Melkart, adorado en todo el Estrecho, fue un lazo de unión entre Cartago Nova y Mauritania (CIL 113409), ciudades en las que se adoraba al mismo Hércules (Vázquez Hoys 1990), también con Sagunto, donde existían unos sacerdotes, los Salios, a los que ya hace unos años atribuimos una importancia económica, aunque pensando que se trataba de sacerdotes de Marte, y tal vez hay que plantearse si eran los sacerdotes de un Hércules Vencedor, como el de Tibur (Vázquez Hoys, 1982), Cádiz, Lixus y los reinos del Norte de África, siendo este culto la prueba de la existencia de unos circuitos comerciales fenicio-púnicos en el Mediterráneo occidental, uno de cuyos puntos capitales era Cádiz.
Castillo de Sancti-Petri, ¿antiguo templo de Melqart?
De esta ciudad sabemos por Estrabón (ll, 3,4) que, aún a principios de nuestra Era, sus compañías navieras financiaban gran parte de las navegaciones del Mediterráneo. Pero estas compañías no eran solamente “gaditanas”, sino que debían estar financiadas por capital venido de Cartago, tras la destrucción en la III Guerra Púnica, tal vez como se deduce de las escasas noticias que nos proporcionan de esta guerra en los escritores romanos.
Conocemos por las fuentes que cuando los cartagineses se rindieron y hubieron entregado sus armas, Roma les ordenó que evacuaran la ciudad y se alejaran a diez millas del mar. Entonces Cartago intentó resistir, pero ya era demasiado tarde. Los recursos de sus arsenales y la movilización industrial le permitieron soportar un prolongado asedio de tres años, del 149 a 146 a.C., que terminó con la victoria final de Escipión Emiliano. Cartago fue destruida, reducida a escombros y su población vendida como esclava por los vencedores.
Sin duda el capital púnico, salvado por los refugiados que huían del asedio y la destrucción romanas, a los que se había dado tiempo para poner a salvo sus negocios, se depositó, entre otros lugares, en alguno de los grandes santuarios del dios nacional tirio, Heracles-Melkart, uno de los cuales era el de Gades, y en los negocios que de él dependían, como los salazones y la fabricación de púrpura.
Los romanos conocían estos importantes negocios y la potencia económica de este santuario y sobre todo César, quien, curiosamente triunfó, como relata Suetonio, después de un sueño en el templo de Hércules-Melkart de Cádiz, en el que el dios le prometió el dominio de Roma, como Hércules había prometido, también en sueños, el dominio del mundo a Alejandro Magno (Tiano 2,18, 1-2; Quinto Curcio 4, 2,17; Plutarco, Ale. 24, 5; Goukowsky 1978 p.243 n.20).
Suetonio (Dinus lulius 7,1) refiere que, apenas iniciada su carrera, César “recibió en suerte” el cargo de cuestor de la Hispania Ulterior. Y habiendo llegado al templo de Gades, ante la estatua de Alejandro Magno, sintió el deseo de emular su gloria y decidió optar a mayores empresas por la favorable interpretación que se hace de los presagios que le anuncian que se alzaría con el imperio de las tierras del Orbe. Así pues, César volvió a Roma abandonando todos sus asuntos béticos y conquistó el poder de la Urbe, siendo ayudado, entre otros, por los miembros de una antigua familia gaditana: Los Balbos (Martínez Gazquez, 1984, págs.44 y ss.; Díaz Regañón, 1984, págs. 5-24; Grotanelli,C. 1981, págs. 109-133.) cuyo nombre, curiosamente, lleva las consonantes BL, como Ba’al (aunque ningún especialista en lengua fenicia nos haya podido probar, por ahora, que tal nombre es una forma latinizada de un teónimo fenicio o púnico, lo que nos demostraría y probaría que esta familia gaditana no estaba solamente dedicada al comercio sino también, posiblemente, relacionados de alguna forma con el templo de Heracles de Gades y su economía (Vázquez Hoys-Poyato Holgado, 1992).
La interpretación de este sueño, así como los diferentes prodigios que se sucedieron en la Bética con ocasión de las guerras contra los hijos de Pompeyo, parecen ser un reflejo válido de un difuso estado de opinión existente entre las gentes que vivieron aquellas peripecias y que los escritores y personajes más cultos concretan y visten bajo el aspecto de una “ayuda divina”, escribe Martínez Gazquez. César también está unido a la Bética y a sus hondas raíces orientales por el augurio favorable a su victoria en Munda que relata también Suetonio (Div.Aug. 94,11) y Dión Casio (43, 41). Se trata del presagio que obtuvo cuando al mandar talar árboles para instalar el campamento. Los soldados romanos habían encontrado en medio del terreno una palmera, curiosamente símbolo de la gran diosa oriental de la que derivan Tanit- Juno - Astarté - Venus, representado en las monedas cartaginesas. Y César, naturalmente, mandó respetarla. ¿Solo porque a la palmera le nació un retoño inmediatamente, como refieren los historiadores o se trataba más bién de un símbolo religioso de sus aliados gaditanos, cuyo dinero sufragaba la guerra y le dió la victoria?.
También podemos preguntarnos qué unía alos Balbos a César y a Augusto, además de la amistad y las finanzas. En nuestra opinión, los negocios y capitales cartagineses, además de parte de la población cartaginesa misma, antes de la caída final de Cartago, se refugiaron, entre otros lugares en las bolsas de población púnica de Hispania. Y suponemos que uno de estos lugares que recibió en depósito capital cartaginés debió ser el templo de Hércules-Melkart de Gades, lugar donde debieron refugiarse muchos de los cartagineses que huían de su patria. Y pensamos, asimismo, que de una forma u otra, fueron las finanzas fenicio-púnicas, gaditanas sobre todo, las que ayudaron a César a hacerse con el poder en Roma.
Con el dominio de Roma por César, sin duda promocionado por capital gaditano, tal vez debamos pensar en una influencia económica de los fenicio-púnicos gaditanos en la Urbe y llegar a la conclusión lógica de que, finalmente, Cartago, vencida politicamente por Roma, conquistó a su vencedora con su potencial económico. Porque lo que sí es cierto es que Cartago no desapareció de repente. Y que sus mercaderes, ante el peligro inminente, pusieron sus capitales a buen recaudo. También es evidente que , por lo menos, el capital “gaditano” de los Balbos contribuyó a que César se hiciera con el poder en Roma, convirtiéndose así en uno de los hombres más importantes de la decadente República romana, al que sucedió su sobrino Augusto, también muy relacionado con los asuntos relativos a Hispania y el Norte de Africa. En estos asuntos, asimismo, intervendrían los miembros de la familia gaditana de los Balbos, unidos al Príncipe por indudables lazos de interés comercial, además de por afecto y amistad indudables, que, como en muchas otras ocasiones, no tenían por que estar separados.
En el caso concreto de los Balbos, nos permite afirmar también que su importancia en el Círculo del Estrecho debió influir en la política hispano-africana de César y de los primeros Julio-Claudios.
Una prueba material de que hubo esta emigración de potencial humano a Hispania tras la caída de Cartago nos la dan las ánforas prerromanas del tipo Maña C-2b, que relevan a las anteriores C-2a típicas de Cartago, tanto a nivel tipológico como cronológico. El subtipo Maña C-2a se comercializa en el siglo II a.C. y, más concretamente, en el segundo cuarto de este siglo es cuando tiene su máximo apogeo. La destrucción de Cartago en el año 146 supondrá el retroceso irreversible en su producción, tomando el relevo los talleres occidentales radicados a ambas orillas del Estrecho de Gibraltar, con los envases del subtipo C- 2b. (Guerrero Ayuso, 1992, págs. 50-53). Los talleres del nuevo subtipo C-2b se localizan en el extremo occidental del Mediterráneo, lo que produce algunas variaciones en cuanto al tipo de arcilla o engobe. Según Guerrero Ayuso, su fabricación supone una ruptura brusca con las tradiciones morfológicas de los alfareros locales y tal vez vendrían a documentarnos la existencia de una oleada migratoria de artesanos cartagineses que, tras la destrucción de Cartago, pudieron instalarse en las ciudades del extremo Occidente del Mediterráneo, las cuales, a pesar de estar bajo dominio romano, gozaban de cierta autonomía y tenían población mayoritaria de origen étnico y cultural semita. Aunque Guerrero Ayuso niega la posibilidad de una fabricación de estos tipos en Cartagena,(Guerrero Ayuso 1992 p.51) , creemos que el nexo de unión que hemos señalado de esta ciudad con el área del Estrecho permitirá, si no revisar la posibilidad a que se alude, si encontrar, tal vez, alguna relación entre Cartagena y Gades, no solo por el culto de Heracles-Melkart sino también por las relaciones comerciales que estas ánforas podrían probar.
Así, como las C-2a halladas en el extremo Occidente son prueba de la continuación del comercio púnico en Iberia, con las C-2b estamos, en palabras de Guerrero Ayuso, ante una corriente comercial de flujo contrario, procedente de ciudades del Estrecho, que parece revitalizarse considerablemente tras la caída de Cartago. En realidad, reconoce este autor, el comercio púnico quedaría en manos exclusivas de los comerciantes de Ibiza y las ciudades libres del norte de Africa, a lo que añadiríamos la importancia de los gaditanos que hemos mencionado, así como el preponderante papel de Cartagena como centro redistribuidor que este autor señala (Guerrero Ayuso, 1992, p. 51).
Así mismo, es importante hacer hincapie en la existencia de una corriente comercial hacia el Atlántico en esta época que difundiría las C-2b. Su presencia, bien documentada en Belo (Baelo Claudia, Tarifa), asociadas a Dressel lc, Lamboglia-2 y campaniense A tardía y B de la primera mitad del siglo I a.C. llegando hasta época augusta, prueba la existencia en esta ciudad de un contingente de gentes púnicas, venido de Cartago, con el modelo de templo tripartito cuyo paralelo se encuentra en Sufetula, al que se ha dado en llamar Capitolio, aunque no exista ninguna prueba de ello, más que el hecho de estar situado en una ciudad romana. La prueba de que no se trata de un Capitolio puede ser que los tres templos que forman el supuesto Capitolio no han sido construidos en la misma época, como demuestran los últimos trabajos arqueológicos (Bendala 1989-90, p.17; Bonneville, J. N. - Sardaine, 5. - Didierjean, F.-Leroux P.­Silliéres, P. 1981, págs.403-420).
Ana Mª. Vázquez Hoys, De Cartago a Occidente: el papel de Gades.
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La larga es pera hacia la búsqueda del Gadir fenicio.

NOTICIA DE DIARIO DE CÁDIZ. 27.03.08

La excavación arqueológica del Cómico se retomará en dos meses
Desde el pasado mes de junio se está trabajando en las labores de micropilotaje del futuro Teatro de Títeres · Si la inversión lo permite, en los próximos meses se podrán alcanzar los anhelados niveles fenicios Virginia León / Cádiz Actualizado 27.03.2008 - 05:00

Desde que el pasado mes de septiembre se anunciara el hallazgo de un muro del siglo VIII a.C. en el solar del Cómico, la excavación en extensión de este terreno de la calle San Miguel ha sufrido un parón y se retomará en dos meses, según fuentes de la Delegación Provincial de Cultura. Las labores de micropilotaje para comenzar a construir el futuro Teatro Estable de Títeres de la Tía Norica y hacerlo compatible en los próximos meses con la excavación arqueológica han centrado todas las atenciones en este solar desde el pasado mes de junio, tal y como ha afirmado el edil de Cultura, Antonio Castillo, en varias ocasiones. De hecho, desde entonces sólo se ha procedido a la excavación, documentación y extracción a mano de los restos arqueológicos hallados en las franjas donde se van a ubicar los micropilotes. El resto del solar sigue a la espera de que los expertos bajen hasta la cota de menos 6 metros, donde presumiblemente -tal como avanzaron los sondeos previos de 2002- podrían hallarse restos que confirmen la ocupación fenicia de Cádiz, todo un acontecimiento para la ciudad desde el punto de vista histórico y científico. No obstante, todo dependerá de la inversión que las distintas administraciones decidan destinar a una actuación de tal relevancia.Hasta el momento el Ayuntamiento de Cádiz ha informado de que la partida invertida en las labores arqueológicas -donde se ha alcanzado la cota romana- ha sido de 750.000 euros, de los 809.000 euros que contempla “la unidad de trabajos arqueológicos” que recoge el proyecto del futuro teatro. De esta cantidad, la Junta ha sufragado recientemente al Consistorio 138.000 euros, de los 180.000 euros que establece el convenio firmado inicialmente entre ambas instituciones. Por otra parte, el Ayuntamiento tiene previsto presentar próximamente a la Junta una pequeña modificación del proyecto de cimentación del edificio, que acaba de ser aprobado en enero.El futuro edificio -cuya inversión alcanza ya los 7.915.977 euros, doblando el presupuesto inicial- permitirá visitar los restos hallados por debajo del nivel del suelo de la planta sótano. Concretamente, la zona situada bajo el escenario, una superficie aproximada de 120 metros cuadrados, según indica el proyecto. El mismo documento señala que en el resto de la planta sótano está previsto ejecutar un suelo registrable transparente que permita ver las excavaciones fenicias en su conjunto. Dependiendo, eso sí, de la importancia de los hallazgos.

Crepúsculo sobre el puerto fenicio de Gadir

Sobre los cantiles del que fuera antiguo puerto fenicio, a la luz rosada del crepúsculo vespertino, observo como se forman espejos de agua de tonalidades entre azul grisáceo y violeta que inundan con sus destellos los últimos instantes del día. Por fin Helios, en su lento declinar, cansado de su singladura, reposa su cuerpo bajo las apacibles aguas del mar hirviente. Mientras, con sus últimos haces, ilumina la sagrada roquedad de Erytia, cantil que sirve de asiento al castillo de Santa Catalina, donde antaño morara la Astarté del Mar, también conocida como Venus marina, señora del océano marino y del océano celeste.

Hoy su templo oracular yace bajo las olas pero, a veces, resurge tímidamente en algunos de los accidentes geográficos del cantil con nombre propio, como “La piedra tiburón”, “El Lingote” o “El Lago” y que aparecen y desaparecen al compás del ritmo de las mareas.Esta es una hora mágica para el espectador admirado de la belleza natural, en que la rugosidad de la piedra ostionera, materia viva en manos hábiles, amalgama de ocre arena y microscópicos seres muertos, adquiere su más oscura intensidad al perfilar su silueta sobre el horizonte,donde poco a poco el negro manto de la noche va expandiendo su etéreo velo, para sumir en la insconciencia la mente de los seres humanos.

Este pequeño milagro cotidiano, sólo es algo tan simple y a la misma vez tan hermoso, como una bajamar en La Caleta cuando el día muere. Una de tantas, que lleva repitiéndose desde hace milenios. Confiriendo a este lugar con cada una de ellas, vibraciones arcanas que prefiguran y materializan el imaginario mitico-religioso del que se ha ido envolviendo la ciudad de Cádiz, desde el pasado más remoto en que unos navegantes provenientes de Levante decidieran fundar un nuevo asentamiento destinado a ser el más antiguo de todo el occidente, origen mismo de su propia existencia como ciudad.

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LA II GUERRA PÚNICA CO MIENZA EN CÁDIZ

Apenas finalizado el asedio cartaginés sobre Sagunto (218 a.C.), la agitada situación reinante hacía presagiar que la declaración de guerra por parte de Roma podía producirse en cualquier momento. Sin embargo, Aníbal decide que la iniciativa de retar al temible adversario partirá de él y sólo de él. Por eso, pese a las dificultades de navegar en pleno invierno, fleta inmediatamente una embarcación y se traslada a Gadir para acudir al santuario de Melqart, famosísimo templo de indiscutible prestigio, y obtener la aprobación divina de sus ambiciosos planes. Pero su visita al santuario gaditano -de la que nos informa Tito Livio-, encierra un significado mucho más complejo. Hacía mucho tiempo que el dios fencio-cartaginés Melqart estaba equiparado a la divinidad griega Herakles (Hércules). Al rendir homenaje a Melqart/Herakles, que gozaba de amplia aceptación en el mundo fenicio-griego, Aníbal se aseguraba las simpatías de sus devotos. Sabemos que el recinto sacro del Melqart gaditano estaba adornado con una estatua dedicada a Alejandro Magno, emblemático símbolo de la unidad cultural del mundo griego y personalización de la conclusión venturosa de empresas audaces.

Lo que a primera vista parece un mero acto de devoción religiosa se revela como un llamamiento a la solidaridad que apela a medio Mediterráneo. Esta hábil maniobra, con seguridad premeditada y luego divulgada por doquier, está revestida de una connotación política considerable. Poco antes de estallar las hostilidades, Aníbal se erige en campeón de la civilización fenicio-griega y aliado natural de los múltiples pueblos pertenecientes a ella. Al mismo tiempo, la visita al santuario gaditano encierra un mensaje y una propuesta de adhesión dirigida a todos aquellos que estaban enemistados con Roma. Es este sentido, la llamada Segunda Guerra Púnica comienza en Cádiz.

La ofensiva ideológica precede a la militar. Al utilizar motivos religiosos e insertarlos en su dispositivo propagandístico, Aníbal obra como ya lo hicieran otros predecesores célebres. En la mente del joven estratega cartaginés se fragua un proyecto temerario: nada menos que de convocar una movilización global contra Roma, y es justamente en la lejana y antigua ciudad de Cádiz donde se pone por primera vez de manifiesto.

Quinto Fabio Píctor esbozó el primer tratado de historia contemporánea escrito por un autor romano, pues esta materia era hasta entonces privativa de la erudición griega. Impregnándolo de argumentos justificativos de la actuación romana, relata en él el conflicto de Aníbal con Roma utilizando la lengua griega. No escribe en latín porque no es necesario convencer a sus compatriotas, es a las elites dirigentes del mundo griego occidental (las ciudades helenas de Hispania, Galia, Sicilia, Italia y África) a las que apela Quinto Fabio, pues parece ser que muchas acogieron con simpatía el mensaje lanzado por Aníbal.
Esta reacción romana no solo demuestra que Aníbal fue un hábil experto en el arte de la diplomacia y captación de voluntades, sino que los dardos que lanzó en la milenaria ciudad fenicia de Gadir dieron en el centro de la diana
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La “Cittá dipinta”…¿Posible ima gen de Gades?

En el mes de junio de 2007, la prensa local se hizo eco sobre una conferencia que se iba a dar en el Museo arqueológico de Cádiz sobre algunas conclusiones mas o menos perfiladas acerca del importante yacimiento de la Casa del Obispo y su función e importancia en la configuración del Gades de la antiguedad. Dichas conclusiones e hipótesis, verdaderamente interesantes, fueron expuestas por los arqueólogos que durante todo este tiempo han estado trabajando sobre el yacimiento en cuestión y que dejaremos para analizar en otro artículo, debido a su interés. Junto a estos investigadores locales también se encontraba acompañándolos, otro profesor, esta vez de la Universidad de Córdoba y que como colofón al acto, esbozó la noticia de un hallazgo hecho hace unos años en Roma y sobre el que estaba trabajando aún todavía. Dicho hallazgo, según los estudios e investigaciones que estaba realizando este profesor, podian tener una valiosa significación para Cádiz y para el conocimiento del Gades romano.

Para sorpresa de todo el público asistente al acto, dicho profesor, tras evaluar distintos planos antiguos de la ciudad de Cádiz, de compararlos con la imagen que representa el fresco de Roma y tras el estudio de diversas fuentes antiguas y algunos hechos puntuales que ponen en relación Gades con Roma, llega a la conclusión que la ciudad representada en el fresco no es otra que la antigua Gades y no una ciudad romana de Italia como postulan los investigadores italianos. Naturalmente, el protagonista de esta noticia dejó bien claro, que todavía no es más que una hipótesis de trabajo que aún debe ser corroborada con más pruebas que fehacientemente demuestren esa posible adjudicación. Si llegara el caso que ésta eventual hipótesis pudiera llegar a confirmarse después de más estudios e investigaciones, sin duda, estaráimos ante un descubrimiento excepcional e importantísimo no sólo para Roma, sino igualmente para Cádiz, pues estariamos ante la primera representación de la historia de la urbe gaditana y estariamos a la misma vez, contemplando con nuestros ojos, una realidad de hace dos mil años que desde las brumas del tiempo, llega para ser vislumbrada hoy en el presente, en el futuro. Es como si una realidad soñada, se nos materializara…


( Vista parcial restaurada y antes de la restauración de la cittá di pinta, a continuación fresco completo sin restaurar. Pinchar sobre cada imagen para ver ampliada )

Criptoportico delle Terme di Traiano - Colle Oppio, Roma - Roma

El fresco de la “cittá dipinta” se encontraba, en el momento de su descubrimiento, allá en el año 1998, en un estado crítico debido a los daños producidos por la presencia del agua, junto con sustancias corrosivas contenidas en la tierra, así como del súbito cambio de las condiciones climáticas ambientales a las que el fresco había estado sometido durante siglos, modificadas trás su desenterramiento.

( Recreación del Gades romano. Compárese con las imágenes de la “cittá dipinta” )

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El Mel kart de Gadir

Amar y ser amado como el Melkart de Gadir: mucho.
Sentarse sosegado como el Melkart de Gadir: siempre.
Morir como el Melkart de Gadir: nunca.
Este es el “poema púnico” que el novelista alemán Gisbert Haefs (1950) pone en boca del griego Antígono en su obra Hannibal. Der Roman Kartagos (1989), traducida al español como Aníbal, y cuya lectura recomiendo pese a mis reservas en cuanto al rigor histórico de los hechos narrados, algún detalle disonante y un enfoque literario erróneo.
Narrada desde el punto de vista de un comerciante heleno, se centra demasiado en relatarnos sus asuntos y negocios, que le alejan una y otra vez de los acontecimientos más interesantes de esta apasionante época. Junto a la escased de protagonismo del que debería ser, a tenor del título, el verdadero protagonista, Aníbal, la novela adolece de otros inconvenientes que dificultan la comprensión de las situaciones geográficas descritas, motivada la falta de un mapa que recoja los pocos nombres cartagineses conocido de ciudades y regiones.
No obstante, hay partes del libro que resultan brillantes y muy aprovechables, como aquellas donde se le concede espacio a la figura de Áníbal (apenas una cuarta parte del libro), uno de los mejores estrategas de todos los tiempos e injustamente tratado por la Historia; la mágnifica recreación del panorama político en el decisivo momento en el que Cartago y Roma rivalizaron por el dominio del mundo; a lo que cabe añadir las referencias a la Península Ibérica y el papel de Gadir como colonia púnica.
Personalmente, debo decir que la lectura de este libro resultó positiva, ya que me hizo reflexionar cúan distinta hubiera sido la Historia y nuestra realidad si la guerra se hubiera inclinado a favor de los púnicos. Otros detalles y particulariades se me acabaron olvidando, pero lo que siempre recordaré son los versos con los que iniciaba este comentario y que como gaditano hago míos, pues no logro evitar que resuenen en mi cabeza siempre que avisto la isla de Sancti-Petri (Chiclana, Cádiz), donde supuestamente se localizaría el templo dedicado a Melkart, mientras mi mente fantasiosa imagina que debía sentir el navegante que dejando atrás la Bahía de Gadir, se internaba en el plácido mar bajo el brillante sol de la media tarde hasta divisar, al sur de la larga isla, el resplandor verdoso que despedía la cúpula de cobre del antiquísimo templo de Melkart…
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Paleotopografía antigua gaditana según los estudios geológicos de Juan Ga vala


( Pinchar sobre cada imagen para ampliar )
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Poblado tur detano de “Las Cumbres”

El poblado turdetano de Las Cumbres, en la sierra de San Cristóbal, se encuentra en el límite del término municipal del Puerto de Santa María, lindando en su punto más alto, donde se encuentra el vértice geodésico, con el término de Jerez de la Frontera.

Este poblado de entre los siglos V y III a.c. y dependiente del cercano y más grande poblado del Castillo de Doña Blanca, es una ínsula prácticamente completa, bordeada al norte por una calle y al sur por una explanada abierta donde aparecen restos de actividades industriales referentes a la fabricación, almacenaje y distribución del vino.


En esa plaza abierta son apreciables unas estructuras circulares, limitadas por lo que parece una base muraria de tapial y que seguramente están relacionadas con el proceso del cocimiento del mosto.También se aprecian estructuras que parecen ser hornos de panificación y no es raro ver rastros o partes de molinos de manos para tal menester.
Las viviendas de las que se compone el poblado, giran en torno a los 50/60 metros cuadrados y son generalmente de planta cuadrangular, divididas normalmente en cuatro habitaciones.

Todo el poblado presenta una estructura urbanística regular, acorde a los conceptos y reglas urbanísticas helénicas, seguramente transmitidas, desde época antigua, a través de los contactos entre fenicios y tartesios, así como del comercio con el mundo griego, más concretamente, focence de época arcaica y que ya en época propiamente turdetana, se funden todos estos aportes para formar esta cultura y cuyas influencias son apreciables, tanto en tales restos constructivos, como en la ingente cantidad de cerámica turdetana desperdigada por todo el entorno, que asimila las formas de las cerámicas griegas sub-itálicas y atenienses.

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“Fo edus Gaditanum”. El año 206 a.c., una fecha clave de la historia gaditana en la antiguedad.

La Caleta, antiguo puerto fenicio de Gadir (pinchar sobre imagen).
La situación por la que pasa la vieja fundación de Gadir en las postrimerías de la segunda guerra púnica no es nada halagueña para la ciudad, ni por supuesto, para su ámbito comercial de irradiación. Pese a que en teoría es una polis independiente y aliada en pie de igualdad con Cartago, lo cierto es que la intromisión y la disparidad de intereses, llegando incluso, a la supeditación e imposición por parte de Cartago, hace que los gaditanos se sientan cada vez más incómodos, teniendo que soportar además, el albergar una guarnición cartaginesa que vulnera y humilla con su vigilante y amenazadora presencia, la susodicha independencia gaditana.

La Caleta, cantil sometido al flujo y reflujo de las mareas.


Con la batalla ocurrida en Baécula, en las inmediaciones de la actual Bailén, en el año 208 a.c., las dificultades para las posiciones cartaginesas en Hispania se vuelven aún mas traumáticas. Numerosos régulos iberos y ciuades hasta ese momento aliadas de los cartagineses se pasan al bando romano del general Escipión, que actua en estos años en la península con rango proconsular.


La Caleta, marcas de trabajo de cantería sobre las rocas sujetas a la acción mareal.

Ante este viraje de la situación, negativa a los intereses cartagineses, tan sólo la importante ciudad de Gadir es la única que les queda segura bajo su control y lo que es primordial en estos momentos, la salvaguarda de su puerto como refugio seguro.

La Caleta, antiguo puerto fenicio de Gadir.

Las tropas de Escipión seguidamente vuelven a derrotar a los cartagineses en Ilipa, hoy Alcálá del Río y en Carmo, la actual Carmona y bajo esta presión implacable, someten todo el Bajo Betis (Guadalquivir), causando devastación sobre los alrededores del núcleo gaditano.

Ante todo ese cúmulo de acontecimientos, que elevan ya hasta límites insostenibles por parte de Gadir el mantenimiento de la alianza con Cartago y que tan negativamente le está repercutiendo a todos los niveles, unos supuestos desertores gaditanos, trás la toma de Astapa (Estepa) por parte del lugarteniente de Escipión, L. Marcio ofrecen a este la entrega de la ciudad junto con la guarnición cartaginesa y la flota púnica allí fondeada.

Este acepta la propuesta y los gaditanos dan su palabra de fidelidad a los romanos, con lo cual, se envía una flotilla en la que se embarcan dos cohortes, pero en el momento oportuno toda la trama es descubierta por los cartagineses y los conjurados son enviados a Cartago para ser juzgados por su crimen.

La asfixia inapelable a la que Gadir y todo su entorno está siendo sometida en esos instantes, impide el abastecimiento regular de la ciudad excepto por vía marítima a una población exasperada por la precariedad, incrementada aún más por el sostenimiento de la guarnición cartaginesa a costa de la propia ciudad y desde un primer momento nunca bien recibida por motivos que ya hemos mencionado antes.

Magón Barca, comandante cartaginés de Hispania.

El comandante cartaginés Magón, hermano de Anibal y la máxima autoridad de los púnicos en Hispania expolia sin ningún tipo de remordimiento las riquezas de Gadir y de sus más sagrados templos, incluido el famoso Herakleion y su tesoro y extorsiona sin medida a los comerciantes gaditanos, de forma que consigue el colapso y por tanto, la interrupción del tráfico comercial de la urbe. Por todo ello, cuando trás el intento fallido por parte de Magón de recuperar la estratégica Cartago Nova, decide volver al fondeadero seguro de Gadir, este se encuentra con que la ciudad y sus habitantes, tanto los magistrados como el pueblo han decidido por unanimidad cerrarle las puertas definitivamente.

Magón exasperado por la afrenta y haciendo una vez más fehaciente demostración de “perfidia púnica” tal como la denomina la propaganda de guerra romana a fin de denostar a sus enemigos y justificar su propia acción bélica, atrajo hacia sí con engaños y subterfugios a los magistrados gaditanos y sin contemplaciones los crucificó como castigo ejemplar.

Pero de nada les sirvio ni a Magón ni a los cartagineses tanta ejemplaridad brutal, manifestada en estas acciones y que a nuestra modesta opinión desluce, supone un negro lunar y epílogo a la presencia púnica en Iberia y en particular en Gadir, que era además una ciudad aliada, unida por lazos consanguineos, y el propio Magón con su toma de determinaciones tan expeditivas, oscurece con tintes sombríos la gloria de la misma familia Bárcida y de la que tan brillantemente son exponentes su padre Amilcar y por supuesto, su hermano Anibal, a quien no dudamos de calificar a nuestro criterio, como el mas brillante y genial estratega del mundo antiguo, aún por encima de Alejandro o de César, de Fabio Máximo y de su propio vencedor y discipulo, Escipión.

La urbe de Gadir se entrega definitivamente al poderío romano. Las fuentes antiguas de época posterior a los hechos, en concreto, Cicerón en su “Pro Balbo” y el historiador romano Livio son las que nos hablan a grosso modo de este acontecimiento. Livio dice que el acuerdo firmado por los gaditanos fué con el lugarteniente de Escipión, es decir, con L. Marcio Séptimo. El historiador expresa claramente que a los gaditanos se les tomó y devolvió juramento de fidelidad mediante la fórmula fide accepta dataque. Con ella se establecía un pacto de deberes recíprocos entre ambas ciudades de fidelidad y protección. El mismo Livio menciona precedentes similares para dar verosimilitud al hecho, como la entrega de Cástulo (Linares) por parte del rey íbero Cerdubelo mediante el mismo procedimiento.

Publio Cornelio Escipión. General romano en Hispania.

Otra cuestión importante a tener en cuenta, como así manifiestan algunos investigadores que han profundizado más en el tema y que han estudiado las fuentes tanto en lo que dicen, como lo que dejan entrever por lo que no dicen, es que ese pacto y entrega de la ciudad, debió ser aceptada por el propio Escipión personalmente, quien en esas fechas estaba ultimando sus asuntos en Cartago Nova antes de volver para Roma. Además de que el general era la única autoridad romana capacitada para en nombre de la República establecer los pactos con los legítimos representantes designados por la ciudad de Gadir. Escipión era el único investido con la autoritas y la virtus inmamente al jefe, debido a su rango proconsular para llegar a dicho acuerdo y de hecho, acciones anteriores en ese sentido establecidas por el propio procónsul durante la guerra así lo ratificarían, como los pactos acordados con los régulos íberos Indibil o Edecón, o la organizacíon del nuevo gobierno de la ciudad de Castaca trás su rendición.

De nuevo, es el mismo Livio quien se encarga de decirnos que Escipión había hecho amistad con los gaditanos y eso debió posiblemente ocurrir en el momento que hemos contado anteriormente, de aquellos desertores gaditanos que una vez jurada fidelidad luego fueron de nuevo embarcados con una flotilla en la que iban dos cohortes y que al final fueron interceptadas por Magón. Fué casi sin lugar a dudas en ese preciso momento cuando debió establecerse el Foedus Gaditanum entre esos representantes y Escipión, mientras que ya una vez la ciudad libre de los cartagineses sería su lugarteniente L. Marcio ante la partida del procónsul a Roma quien se encargaría de establecer y firmar las condiciones de capitulación de la urbe gaditana.

Gadir conservará su libertad e independencia. Mantendrá la presencia de un praefectus y posiblemente de una guarnición pero no de forma permamente, sino mientras los actos bélicos con los cartagineses continuasen. Como ciudad federada a Roma deberá asistir a la República en sus empresas de guerra, aún anteponiéndolo a sus propios intereses individuales, con lo que ellom si que mermaba en cierta manera su libertad e independencia al reconocer la supremacía de Roma, pero también es cierto que bajo las premisas del foedus establecido con Gadir, Roma tampoco podía abusar desde su posición de preeminencia que le asignaba dicho pacto.

La ciudad, en su status de federada, queda exenta de pagar el stipendium, que Roma impone a las ciudades vencidas, ya que no es su caso. La vieja ciudad fenicia conservará sus costumbres, instituciones e idiosincracia particulares, así como capacidad propia para legislar, emitir moneda y seguir manteniendo su comercio con entera libertad. Su territorio y sus recursos seguirán siendo propios como agger privatus ex iure peregrinus y no pasando a engrosar la lista del agger público romano. También estara libre de guarnición permamente, como ya hemos comentado anteriormente. Todo ello no hace sino ratificar el status privilegiado y de maniobrabilidad propia e independiente de la ciudad pese a pasar a la órbita de dominio romano.

Por su parte, Gadir reconoce la superioridad romana a la que se debe, según lo convenido en el foedus. Un foedus por otra parte que pese a su plena vigencia y validez desde un primer momento, no fué ratificado por las instituciones romanas hasta más de cien años después de los hechos aquí mencionados, bajo una coyuntura y circunstancias distintas y que posiblemente en otro momento comentemos.

Por todo lo que a lo largo de este comentario hemos ido desarrollando en estas líneas,es por lo que creemos que la fecha del año 206 a.c. es tan importante,no sólo para el período antiguo de la ciudad de Gadir, Gades, Cádiz, sino que es una fecha crucial y señalada dentro de su larguísima, dilatada y trimilenaria trayectoria como ciudad que llega hasta nuestros días, en que tenemos la fortuna de habitar un espacio tan singular y rico por su historia y paisajes, que muchas otras ciudades ya quisieran para si y es algo que todos debieramos aprender a valorar en alguna medida, porque la comprensión del pasado nos esclarece el presente y nos abre el camino de nuestro futuro . Ese ha sido nuestro propósito con este pequeño esbozo, disponible a todo aquél interesado que se acerque conocer un poco más, los hechos de antaño del entorno que nos rodea y donde vivimos día a día…

Fresco del interior de una tumba de la ciudad fenicia de Kerkouane representando una ciudad amurallada ( recuérdese que Gadir, gdr, significa en lengua fenicia “recinto amurallado”.)

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